Monasterio de Tres Virtudes

 

El crecimiento del rubro cervecero no se circunscribe sólo a Lima y su cada vez mayor número de bares cerveceros o a la insospechada onda expansiva de los beerstagrammers o el auge de las cervezas importadas a pesar de los elevados costos de tasas tributarias, aranceles y registros sanitarios. Esta expansión ha tomado también por asalto a incontables ciudades y metrópolis del globo. Un caso llamativo indudablemente es el acrecentamiento de la cifra total de cervecerías hoy pertenecientes a la Association Internationale Trappiste, fundada en 1997 con la participación de ocho abadías trapenses, siete de las cuales elaboraban cerveza. Los nombres de sus cervezas, países y fechas de apertura de sus cervecerías son los siguientes: Achel (Bélgica, 1998), Orval (Bélgica, 1931), La Trappe (Holanda, 1884), Chimay (Bélgica, 1863), Westvleteren (Bélgica, 1838), Westmalle (Bélgica, 1836) y Rochefort (Bélgica, 1595). Así es, las cervezas Trappistes Rochefort se producen desde hace 423 años y ya están disponibles en Lima.

Vista de la iglesia de la abadía Notre Dame de Saint Rémy de Rochefort. (foto: flickr.com)

Vista de la iglesia de la abadía Notre Dame de Saint Rémy de Rochefort. (foto: flickr.com)

Cierto es que las operaciones de la microcervecería en Rochefort se paralizaron en 1792 a causa de la secularización de la abadía provocada por la Revolución Francesa y que las operaciones no se reanudaron hasta 1889, dos años después de que la abadía se convirtiera nuevamente en una comunidad monástica. La cervecería y la marca tal como la conocemos hoy iniciaron su historia a mediados del siglo XX tras la moderada paz que trajo el fin de la Segunda Guerra Mundial. Una veintena de monjes trapenses residen en la abadía Notre Dame de Saint-Rémy de Rochefort y cinco de ellos se dedican a las labores de la cervecería.

 

El agua utilizada en la producción de la cerveza proviene de un pozo ubicado dentro de la abadía, que a su vez es abastecido por una capa freática conocida como Tridaine. Las maltas de cebada utilizadas son del tipo Pilsner y Münich, los lúpulos son Hallertau y Golding y las levaduras son de dos cepas pertenecientes a la abadía. La presente producción de la Brasserie de Rochefort se calcula en 1 millón 800 mil litros anuales. Esta cifra es considerablemente menor a los 12 millones de litros anuales que produce Westmalle y sustancialmente superior a los 475 mil litros anuales que elabora Westvleteren, otras dos cervecerías trapenses de gran prestigio.

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Para conocer las cervezas Trappistes Rochefort (pronunciar /RóshfoR/), acudí a La Cerveteca por un pack que incluye las cervezas de denominación 6 (chapa roja), 8 (chapa verde) y 10 (chapa azul) además del respectivo cáliz de elegante acabado. Mi degustación se inicia con la Trappistes Rochefort 6, la más antigua de las tres cervezas producidas en la abadía. Los aromas de esta Belgian dubbel son delicados y me remontan a imágenes de granos frescos, caramelo, membrillo, guindones, pasas y especias de invierno. Mucho de esto se refleja también en el paladar junto con un amargor amable y un final semi-seco. Su 7,5 % alc./vol. se refleja elegantemente en nariz y en el calorcillo que me empieza a inundar. Calificación: 74/100.

La receta de la Rochefort 6 se consolidó en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

La receta de la Rochefort 6 se consolidó en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Para comprobar que no es gratuito que las tres únicas cervezas de Rochefort sean consideradas en la guía de estilos de la BJCP, continúo mi degustación con la Trappistes Rochefort 8, una Belgian dark strong ale de sofisticada personalidad. Sin el ruido aromático de los fenoles en la anterior botella, las maltas entonan canciones que hablan de membrillo y caramelo. El contralto ejecuta notas de guindones y migas de pan mientras un amargor más intenso ejecuta el contrabajo. El escenario en el que se ha convertido mi boca se cubre de suave terciopelo marrón con bello encaje de intenso tono beige. Placer inmenso de 9,2 % alc./vol. que nadie debe osar interrumpir. Calificación : 76/100.

Rochefort no es la única abadía belga que utiliza una histórica denominación numérica para sus cervezas.

Rochefort no es la única abadía belga que utiliza una histórica denominación numérica para sus cervezas.

Mi degustación culmina con la Trappistes Rochefort 10, una cerveza de 11,3 % alc./vol., lo cual implica incluso mayor moderación en el consumo que las dos cervezas anteriores. De modo que si consigues una botella más grande que las de 0,33 litros disponibles en Lima, no dudes en beberla en compañía de alguien especial. La Rochefort 10 está también considerada como una Belgian dark strong ale por el catálogo de la BJCP; sin embargo, sus notas de malta tostada —algo que también se refleja en el color— eluden ligeramente sus lineamientos. Lo cual no quiere decir que deje de ser una cerveza de supremo disfrute. Guindones, café y huesillo acompañan las notas tostadas. La cabeza de color khaki me hace pensar por un segundo que podría estar bebiendo una stout de abadía trapense. Te animo a que la pruebes tú mismo. Calificación: 73/100.

Todas las Rochefort logran su carbonatación en botella usando candy sugar y una segunda cepa de levadura.

Todas las Rochefort logran su carbonatación en botella usando candy sugar y una segunda cepa de levadura.

Para redondear la idea del primer párrafo, debo decir que en la actualidad son once las cervecerías que pertenecen a la Association Internationale Trappiste y que pueden llevar el sello hexagonal de Authentic Trappist Product en su etiqueta pues cumplen con los requisitos de (1) elaborar sus cervezas en el interior o en ambientes contiguos a la abadía, (2) elaborar las cervezas bajo la supervisión de monjes o monjas y (3) destinar los fondos obtenidos de la producción de la cerveza a las necesidades de la comunidad monástica, a la solidaridad dentro del seno de la Orden Trapense, a proyectos de desarrollo y a obras de caridad. Las nuevas cervecerías trapenses son Stift Engelszell (Austria, 2012), Zundert (Holanda, 2013), Spencer Trappist (EE.UU., 2013) y Tre Fontane (Italia, 2015). Así que si perteneces a esta religión, la religión de quienes bebemos cervezas, date una vuelta por La Cerveteca para beber del cáliz de este dulciamargo y sublime dogma.

¡Salud!

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